Confederación Sindical de Comisiones Obreras

4 de octubre de 2012. Ecoboletín

CCOO reclama otra política forestal para evitar los incendios forestales

Un verano extremadamente seco y cálido con fuertes vientos y tres olas de calor, y unos montes con gran cantidad de biomasa acumulada se ha aliado con una circunstancia agravante, el notable recorte en medios humanos y materiales dedicados a la prevención y extinción de los incendios forestales. El resultado: 2012 ha sido el año que más superficie quemada ha registrado de la última década, 184.831 hectáreas, y también uno de los que mayor número de grandes incendios, 35, denuncia CCOO.


Junto a estos aspectos permanecen las grandes carencias de fondo de nuestra política forestal y rural: reducción de la ganadería extensiva que mantiene a raya el matorral, abandono de la recogida de leña y del cultivo agrícola en zonas de monte, monocultivos de pinos y eucaliptos en grandes extensiones sin la adecuada gestión y ordenación territorial, abandono rural y urbanización excesiva de segunda residencia en zonas de alto riesgo.

La mitigación del cambio climático, aunque parezca global y lejana, es de vital importancia para evitar las condiciones en que se desarrollan los grandes incendios. La presencia de vegetación extremadamente seca  en los montes se convierte cada vez más en un peligroso combustible durante períodos estivales mas prolongados. Con más calentamiento global habrá en muchas regiones del planeta, y particularmente en la mediterránea, muchas más posibilidades de incendios incontrolados que nos harán perder biodiversidad, recursos económicos y empleo. Todos los países, todas las administraciones y todos los sectores económicos tienen responsabilidad en adoptar medidas urgentes para reducir los gases de invernadero y frenar el aumento de las temperaturas y las olas de calor.

En ese caldo de cultivo suele suceder lo que muchos expertos tantas veces han denunciado: que si un fuego en el monte, intencionado o no, no se ataja con rapidez en los primeros momentos es muy difícil controlar su expansión por muchos medios aéreos y terrestres que se pongan a su disposición. Si, además, el número y la dimensión de los mismos es insuficiente y la coordinación y efectividad fallan, la tragedia del gran incendio está servida. Y la tragedia ya se sabe en qué consiste. Es ambiental porque se pierden árboles y bosques, dehesas o prados, fauna, biodiversidad en definitiva, suelo fértil que retiene el agua, los servicios de captación de humedad y regeneración del aire, absorción de CO2 y regulación del clima que aportan los bosques. Es económica porque se pierden edificaciones, pastos y cultivos agrícolas, ganado y colmenas,  los propios recursos forestales (madera, leña, corcho?) y se perjudica el turismo en las zonas afectadas, además de las ayudas aparejadas a la declaración de zona catastrófica. Y es social por la pérdida de vidas humanas, trabajadores o vecinos, y por la perdida de puestos de trabajo asociados a todas esas actividades productivas y económicas afectadas por las llamas.

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